
Biografía profesional
Me llamo Pablo Fernández Santa Cecilia -de nombre artístico Paul Fernández- y soy un joven cineasta, investigador, gestor cultural y dramaturgo. Los eventos que han ocurrido en los últimos cinco años son los que han permitido adentrarme y desarrollarme profesionalmente en estos cuatro campos. No estaba imaginado ni previsto. En este texto intentaré resumir este huracán de eventos simultáneos que me ha llevado hasta la redacción del presente documento, en el que por primera vez me siento a escribir sobre mi vida profesional. Los méritos en los que debo profundizar son el resultado del azar y la casualidad, de buenas decisiones que han trascendido y excedido cualquier expectativa, de encuentros con personas maravillosas. Es imposible aislar las cinco experiencias de todo ese entramado, pues todas se han ido fraguando con el tiempo.
Así que he de empezar por el principio, por mi familia.
Vengo de una familia tan luminosa como oscura, tan normal y a la vez tan excéntrica. Mis abuelos maternos venían de Navarra y Ávila y tenían una tienda de ultramarinos donde trabajó mi madre desde su infancia hasta que se emancipó. A mi abuelo paterno le concedieron en 1961 una beca Fulbright para estudiar en la Universidad de Princeton y mi abuela se casó para irse con él a Estados Unidos. En el barco concibieron a mi padre que nacería nueves más tarde en el Bronx, en Nueva York. Todos mis abuelos vivían en Madrid.
Mis padres se conocieron con 19 y siguen juntos hasta el día de hoy. Mi madre es mediadora y gestora cultural. Ha desarrollado su trabajo especialmente en el ámbito de las artes escénicas, tanto en el ámbito público -en lugares como el Ministerio de Cultura o la Bienal de Teatro de Venecia-, como privado, vinculada durante décadas a artistas como La Ribot, León de Oro en la Bienal de Venecia. Mi padre es profesor de literatura árabe contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid y, además de haber recibido la beca Fulbright, ha trabajado en la sede de la ONU en Nueva York como traductor.
Mi infancia y adolescencia han transcurrido entre Madrid, Nueva York, Beirut, Tánger y Londres. Es entonces, en el verano de 2012 en Londres, donde empezó todo. Con 16 años, trabajaba como voluntario en tiendas de segunda mano y, gracias a mi padre, también pude trabajar como becario en las oficinas del Hay Festival de Londres donde se organizaba el festival literario de Xalapa. Allí me hice cargo de mis primeras responsabilidades y obtuve mi primera carta de recomendación. Me prestaron un ordenador portátil gracias al cual pude investigar en lugares como SOAS University of London o el British Film Institute, con el objetivo redactar mi primer trabajo de investigación sobre la novela de Frankenstein y sus adaptaciones en el cine, para el Bachillerato Internacional en el Instituto Ramiro de Maeztu. Es con ese ordenador, y con un grupo de jóvenes de mi edad que conocí haciendo un curso de cine de tres días, con los que empecé a hacer mis primeros cortos.
Allí brotó mi pasión por hacer cine y, en lugar de estudiar ingeniería de telecomunicaciones, empecé la carrera de Comunicación Audiovisual en septiembre de 2013 en la Universidad Carlos III. En el verano de 2014, visitando en Venecia a mi madre cuando era directora adjunta de la Bienal de Teatro, conocí a la responsable de redes sociales del festival, que estaba buscando precisamente a una persona de mi perfil. El trabajo consistía en realizar los vídeos de la ceremonia de entrega del León de Oro y de Plata, y en entrevistar a las personas presentes en el festival. Cambié mi billete y viví en uno de los entornos más estimulantes que he conocido, repleto de jóvenes y de grandes artistas de la escena internacional. Tuve la inmensa suerte de repetir la experiencia en 2015 y en 2016 gracias al amadrinamiento de la periodista Anna Pérez Pagès. Acabé trabajando con un amplio equipo y coordinando y filmando decenas de entrevistas -a lo largo de tres semanas de intenso festival- con artistas de la talla de Angélica Liddell, Romeo Castellucci, Toni Servillo, Willem Dafoe, Declan Donnellan y Anne Bogart.
En 2015 tuve la gran oportunidad de cursar un año de Erasmus en la Université Panthéon-Sorbonne en París. Allí comienzan mi vida independiente y Au-Dessus du Silence, mi primer largometraje, un falso documental sobre las agresiones homófobas en el que llevo trabajando desde entonces. El proyecto ha pasado de ser un trabajo hecho con amigxs -y 3.500€ que conseguimos gracias al apoyo de mucha gente en un crowdfunding-, a plantearse como una película para la que hemos solicitado, junto con la productora Marieta Caballero, una subvención pública de apoyo a los directores nóveles de la Comunidad de Madrid en 2021 por valor de más de 100.000 euros. En el proyecto colaboramos con un actor como José Luis Ferrer -cuyo trabajo más reciente ha sido con Terry Gilliam en The Man Who Killed Don Quixote-, y el director de fotografía Valentín Álvarez -colaborador de Víctor Erice y Andrés Lima en varios proyectos-, ambos amigos cercanos de mis padres que se han convertido también en los míos.
No obstante, el proceso de llegar hasta aquí ha estado repleto de bifurcaciones maravillosas.
La gran motivación que me llevó a empezar un largometraje como Au-Dessus du Silence con 19 años, acabó involucrándome en un proyecto mucho más grande de lo que emocionalmente podía asumir en aquel entonces. Grabamos la película en septiembre de 2016 y, tras meses de resaca creativa y de agotamiento, aquel diciembre necesité plantearme un futuro alternativo al del cine. Tras varios encuentros con profesorxs maravillosxs, tanto en la Universidad Carlos III como en París, la investigación acabó llamándome de nuevo. Varias casualidades me acabaron llevando a estudiar redes sociales como Snapchat, y a interrogarme sobre qué estaba ocurriendo hoy con la imagen, la identidad y el tiempo.
Tuve la ocasión de presentar mi investigación en 2017 en la Universidad de San Francisco, durante un congreso internacional, y empecé el Máster de Teoría y Crítica de la Cultura en la Carlos III. Lo que aprendí en el Máster, pero también el estrés que sufría en aquel momento, me hicieron darme cuenta de que necesitaba parar, y decidí tomarme un año sabático, algo a lo que mis padres accedieron sin problema -otro enorme privilegio-. Durante ese año, en el que salía a leer al sol cada mañana, pude colaborar como ex-alumno del Máster en el proyecto interdisciplinar Omnívoros desarrollado por el Aula de las Artes de la Universidad Carlos III, en el que tres artistas y tres ingenieros generamos una instalación interactiva a partir del concepto de laberinto.
Gracias al gestor cultural Alfredo Miralles, con el que colaboré durante ese año en Omnívoros, pude trabajar con el profesor de la Universidad Carlos III Antonio Rodríguez de las Heras en el proyecto Comunidad3s, una obra de teatro inmersiva sobre redes sociales en el Centro Dramático Nacional-Teatro Valle Inclán. Mi papel era el de metodólogo, acompañando el proceso a un nivel teórico pero también recogiendo todo lo ocurrido en el proceso, con el objetivo de difundir académicamente la experiencia y las conclusiones a las que se llegaron. Era la primera vez que me pagaban un sueldo. Y, gracias a esa experiencia, pude compartir mis conclusiones en un foro como el Congreso Mundial de Investigación en Artes del Espectáculo en el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 2019, y en un capítulo de la publicación “Performatividades contemporáneas: teatro, cine y nuevos medios” en la Editorial Visor.
Tras cursar después el Máster en Análisis Sociocultural del Conocimiento y la Comunicación, y gracias a estos méritos y experiencias artísticas, pude obtener en 2020 la Beca de Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Educación para realizar mi tesis doctoral durante cuatro años en la Universidad Complutense sobre los cambios producidos por internet y la universalización del smartphone.
En 2020, la directora de Comunidad3s, Pilar Almansa, se pone en contacto conmigo para proponerme ser co-dramaturgos de una nueva de teatro inmersiva, utilizando el teléfono móvil e ideando juntos una aplicación para gamificar el teatro. Tras obtener una ayuda de 21.000€ para la Modernización y Digitalización de las Industrias Culturales y Creativas, empecé a trabajar con Pilar en la nueva pieza, G-NESIS, que se estrenó en mayo de 2021 en el Teatro Quique San Francisco de Madrid. Para llevar a cabo la obra, fue necesario poner en marcha un Proyecto de Innovación Educativa (PIE) que nos permitiera recabar la información sobre la experiencia del público. Para ello, conseguí conjugar tres elementos que habían estado presentes en mi vida: el Aula de las Artes de la Universidad Carlos III, el Máster de Análisis Sociocultural de la Complutense y G-NESIS. La labor de gestión cultural y producción realizada no hubiera sido posible sin las enseñanzas teóricas y prácticas de mi madre, especialmente cuando colaboré en 2018 con ella en la realización del IDEM, Festival Internacional de Artes Escénicas e Inclusión social de La Casa Encendida. El PIE duró un año y su implantación ha seguido dando frutos: una conferencia en un Congreso Internacional en el Instituto de Teatro de Madrid, la publicación de un artículo académico en la revista CIC y de un futuro capítulo de un libro de la editorial teatral Antígona.
Empiezo 2022 con las fronteras entre todos estos proyectos completamente difuminadas. Todas las bifurcaciones acaban conduciendo al mismo lugar. La beca FPU me ha permitido continuar vinculado a todos ellos y ahora espero que se me brinde la oportunidad de asistir, en septiembre de 2022, a la Universidad de California en Los Ángeles para una estancia de movilidad de tres meses, a la School of Theater, Film, Television and Digital Media, donde convergen todas las disciplinas que he tenido la suerte de cultivar. Mientras investigo y publico artículos relacionados con mi tesis, estamos preparando el rodaje oficial de Au-Dessus du Silence, para el que ahora estoy preparado, gracias a todas las experiencias y responsabilidades que he tenido en todos estos campos desde que se inició el proyecto. El próximo 28 de enero de 2022 presentaré Au-dessus du Silence en el Meeting de cine de la Fundación Telefónica de Madrid, un momento clave en la evolución de la película. En las últimas semanas los proyectos se han multiplicado como nunca, resultado natural de años de emprendimiento creativo: una exposición digital con videomapping y las proyecciones visuales de una fiesta en el espacio artístico Casa Banchel; invitaciones para participar en el primer Subbia Fest -creado por Álvaro Vicente y Lucía Díaz Tejeiro y planteado como una residencia artística de dos semanas junto con otrxs cuatro artistas y pensadorxs jóvenes contemporánexs-, y para impartir una masterclass sobre mi investigación en la EFAP Grande École de Communication de Paris; el encargo de un videoclip por el grupo de jazz Sigma Project para la partitura Milk Spilt on a Stone de la compositora contemporánea Helga Arias; colaboraciones con empresas como Lumbre y Barro, la galería Martínez & Avezuela o el diseñador Manuel García Madrid para realizar los vídeos promocionales de sus empresas, vinculándome con industrias como la música, el arte, el ocio nocturno y la moda mientras trabajo en mi proyecto de tesis doctoral.
Gracias a una familia que me ha apoyado en todas estas iniciativas y que ha supuesto un sostén económico fundamental, he podido trabajar sin cobrar, creciendo como persona y como creador. Debido a la precariedad que rodea a toda mi generación, de lo difícil que es para lxs jóvenes trabajar, y más aún, dedicarnos a lo que nos apasiona, creo que el mayor de los méritos que aquí menciono es que con 26 años tengo la inmensa fortuna de vivir exactamente dónde y con quién quiero, de gestionar mi tiempo libremente y de trabajar con amigxs y maestrxs en múltiples proyectos apasionantes.